Aves Rapaces: desde los cielos protegen la tierra… Descúbrelas en el Monasterio de Piedra

Por Ana Muntadas-Prim Lafita.
Colaboración para Monasterio de Piedra.

El término rapaz deriva de la palabra “rapere”, que viene a significar apoderarse, atrapar, tomar por la fuerza, raptar… Sin duda, las aves rapaces  hacen honor a su nombre.

Son las auténticas reinas del cielo. Grandes desconocidas de nuestra fauna, nos costaría comprender a la mayoría de ajenos al tema, cuánto bien hacen estos animales alados a la naturaleza, cumpliendo simplemente con su función innata: la de detectar, dar caza y devorar a sus presas.

Búhos, lechuzas, halcones, águilas, azores, gavilanes … algunas cazan de día y otras de noche, pero todas con precisión y constancia y, muchas de ellas, alcanzando velocidades inauditas, inimaginables para un ser vivo sin la ayuda de un motor.

Los buitres y quebrantahuesos son también aves rapaces, pero su gran tamaño y peso hacen que la naturaleza les haya dado otra función que no es la de cazar, sino la de mantener limpio el entorno devorando cualquier animal enfermo o ya muerto, que haya por su zona.

Ratones, serpientes, conejos, hasta pequeños zorros pueden ser víctimas de un ave rapaz…incluso, si la naturaleza obliga, especies más grandes como un Búho Real,  puede cazar a otras más pequeñas, como halcones o gavilanes.

Pero más allá de dar caza, son también verdaderas informadoras medioambientales. Estudiarlas y seguirlas nos permite conocer situaciones de diferentes ecosistemas, favoreciendo su protección y control. Si hay superpoblación de aves rapaces en alguna zona, es probable que ello indique que hay también superpoblación de alguna otra especie. Del mismo modo, si una población de aves rapaces abandona una zona, es posible que algo pueda empezar a fallar en el aire, ya que son especialmente sensibles a cambios en el ambiente.

Su capacidad para equilibrar la naturaleza es tal que se utilizan directamente para el control biológico de especies determinadas, ayudando especialmente a que los agricultores no tengan que recurrir a pesticidas y otros químicos para proteger sus cultivos, algo que indiscutiblemente nos favorece a todos.

Y luego están esos detalles que las hacen realmente espectaculares…

Si nos choca descubrir que el Águila Real puede alcanzar más de 200 km/h cuando vuela en picado para dar caza a su presa, o que son una especie monógama y que pasarán toda su vida adulta fieles a una misma pareja, puede que nos cueste creer en los 300 km/h que alcanza el Halcón Peregrino (el más rápido del mundo), o la espectacular obra de ingeniería que son sus ojos. Éstos, para soportar esas velocidades de vértigo sin resecarse, tienen un membrana especial que les hace parpadear constantemente. Debido a su extraordinaria capacidad de adaptación con el entorno, excepto en la Antártida, podemos encontrar un halcón peregrino, en cualquier cielo de nuestro planeta.

El búho, con cerca de 200 variedades conocidas, puede girar su cabeza hasta 270º gracias a un sistema vascular excepcionalmente flexible. Junto con la asimetría de sus oídos que le permiten oír el más mínimo sonido en cualquier noche cerrada, es prácticamente imposible que no detecte a una posible presa a su alrededor. Sus alas, dotadas con una especie de flecos en sus plumas que silencian el paso de aire, lo hacen extraordinariamente sigiloso, lo que sumado a sus imponentes garras,  le convierten en uno de los cazadores más inesperados y letales de la noche.

Los buitres, más grandes y pesados, construyen sus nidos a gran altura para poder aprovechar las corrientes térmicas y básicamente, planear en busca de comida, porque batir constantemente esas enormes alas sería demasiado cansado. Eso sí, como el resto de rapaces, están perfectamente diseñados para su labor natural. Su excepcional visión les permite detectar cualquier resto de animal muerto a miles de metros de altura y, su largo cuello y cabeza cubierta de plumón y no de pluma larga, les permite introducirse de manera más cómoda y limpia en cualquier cadáver, hasta donde sea necesario. Su gran pico curvo, acaba de facilitarles el trabajo a la hora de despedazar un cuerpo.

Sabiendo todo esto, ya no se puede negar que las rapaces son fenómenos de la naturaleza y, hasta hace no mucho, algunos de estos fenómenos como el Águila Real, estaban en verdadero riesgo de extinción.

Hay que seguir concienciando de su importancia

Hoy, afortunadamente, todas las aves rapaces están protegidas. El gran trabajo realizado en los últimos años por numerosas instituciones proteccionistas, ha sido clave para su conservación y el desarrollo de sus poblaciones, potenciando su labor como protectores medioambientales y controladoras biológicas de diferentes ecosistemas.  

En nuestro firme compromiso con la naturaleza, uno de los mayores atractivos del Monasterio de Piedra es su Exhibición de Aves Rapaces, abierta de marzo a octubre y concebida para descubrir la excepcional belleza y cualidades de estos animales, así como su imprescindible función en la preservación del medioambiente.

Todas son aves nacidas y criadas en cautividad por manos  de profesionales expertos que, apasionados de estas especies, se dedican a su protección y estudio. Durante la exhibición se pueden observar halcones y águilas recreando una situación de caza casi auténtica, o a un espectacular Búho Real desplegando sus poderosas alas a solo unos centímetros de distancia. Son numerosas aves de diferentes especies, principalmente ibéricas, al alcance de todos los visitantes.

La concienciación sobre la importancia de las aves rapaces en nuestro cielo es un trabajo largo y complicado, ya que el ser humano y sus métodos son a menudo su principal enemigo. Uno de los principales objetivos de esta exhibición es el acercamiento de estos maravillosos animales a gente de todas las edades y descubrirles a los que son unos de los seres más interesantes de nuestra fascinante fauna.

Descubre todos los datos sobre la Exhibición de Aves Rapaces del Monasterio de Piedra aquí  https://monasteriopiedra.com/rapaces/