Equipo Monasterio de Piedra


/ Félix Matey

Mi nombre es Ana Alcoya, soy la directora del hotel del Monasterio de Piedra. Junto con el equipazo que tenemos, trabajamos para lograr que el Gran Día de nuestros novios sea especial, único e inolvidable.
Creo que nunca pensamos en todo el mundo que trabaja detrás de una boda, a veces me da la sensación que solo se valora a la persona que acompaña a los novios durante todos los meses desde que confirman la fecha. Sin embargo, detrás de ella, hay un equipo de personas que se desviven en que todo salga perfecto.
Ese gran día, que pasa tan rápido, comienza meses atrás. La puesta en marcha del Gran Día se inicia un par de semana antes, con una reunión con los jefes del departamento implicados y Laura, la persona que se encarga, junto conmigo, de las bodas. En ese momento, revisamos cada uno de los detalles, tiempos, música, decoración, etc. Y ahí comienza el show…
En cocina, días antes, se encarga la materia prima, se revisa cuando llega, se maneja con cariño y se comprueba que tienen todo lo necesario. El día de la boda, durante todo el día, se está produciendo, cuidando cada detalle, para que todo salga igual que como lo presentamos el día de la prueba. Además, toca contar los platos, limpiarlos, repasarlos, sacar las bases del cóctel, pensar dónde y cómo sacamos cada pincho.
El personal de parque, esos de verde que rondan durante todo el día, desde primera hora de la mañana están moviendo las mesas, poniéndolas con cuidado y cariño, entre algún refunfuño, para que estén como quieren los novios. Y después los ves de nuevo, colocando las sillas o los bancos en la ceremonia, encendiendo velas, tapando la cripta y echando la alfombra.
Mantenimiento, los de azul, esos que colocan las luces en el claustro, comprueban el equipo de sonido, nos cuelgan las lucecitas en la zona del cóctel y a última hora nos sacan la pantalla y proyector que nos han pedido los amigos del novio para darle una sorpresa.

Y a la vez, nuestras chicas de lencería, repasan los manteles, uno a uno, para que no haya manchas y que estén bien planchados. Revisan las fundas, limpian los bancos, preparan el altar, llevan a nuestra Virgen con cariño a la Abadía, sacan el material de decoración y hasta se animan a decorar alguno de los rincones de la zona del cóctel con todo su cariño. Y bueno, sin olvidarme de las veces que salen a nuestro rescate, porque se le ha descosido un dobladillo del novio, o tenemos que colocarle el vestido a la novia para la apertura del baile.

Mientras tanto, a nuestro personal de sala lo ves repasando las copas, colocando estratégicamente la vajilla, doblando las servilletas, repasando los cubiertos, alineando las sillas, colando las minutas, ordenando la bebida y las copas para la fiesta, pensando cómo vamos a montar el candy bar y pidiéndome cosas nuevas para decorar, porque se les ha ocurrido que de esa forma puede quedar más bonito.

En Recepción, revisando las reservas, explicándoles a los invitados donde y cuando tienen que estar, acompañándoles a la ceremonia y hasta poniendo la música. Aquí valen para todo.

Bueno, y no nos olvidemos de todo el personal externo, pero que los sentimos parte de nuestro equipo. Nuestros floristas, que elaboran los centros y decoraciones, que trabajan durante horas dándole vueltas para que todo esté listo. Nuestra pastelera preferida, que crea cada uno de los pasteles de la boda, únicos y distintos entre sí, que luego cortarán nuestros novios en el banquete. Nuestros cetreros, esos que hacen que las alianzas vengan del cielo, que hacen que Mendel y Mahe, nuestros búhos, se porten bien y cumplan sueños.

Y una servidora, que se siente la de prácticas, siempre aprendiendo en cada boda, de cada uno de ellos y puede decir que es una gran echadora de pétalos.
Y sí, todos movilizados y trabajando para que nuestros novios solo disfruten, rían, lloren de felicidad y recuerden ese día como un día especial. Haciendo que formemos parte de sus recuerdos para siempre.

Ahora, tras contaros todo esto, tengo unas ganas enormes de comenzar ya con nuestras bodas. En nada comenzamos la acción; qué ganas. Este año formaremos parte de 41 historias de amor y nos sentimos afortunados de poder formar parte de ellas.
Comienza la cuenta atrás.

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